Señor… Todavía soy virgen… Nunca he tenido una relación con un hombre antes…
La mujer de 25 años contenía las lágrimas mientras decía esto en su habitación de hotel, frente al hombre que ella misma había elegido. Pero una sorpresa aún mayor le llegó apenas 5 minutos después…
La chica se llamaba Meera, tenía 25 años y temblaba de frío, sujetando con fuerza su bolso frente a la habitación número 806 del hotel más alto de la ciudad.
Pasó un año entero con el hombre —Ajay, de 38 años, exitoso, tranquilo, decente… O al menos eso creía ella— y dedicó el resto de su tiempo a comprenderlo y amarlo en silencio.
Ambos fueron identificados a través de su trabajo.
Ajay nunca presionó ni realizó ningún gesto obsceno.
Poco a poco, se preocupó, preguntó, comprendió, lo que hizo que Mira sintiera que este era el hombre al que quería abrirle su corazón por primera vez.
Esa noche se envió un mensaje de texto a sí misma:
“Quiero estar a solas contigo esta noche… Si tú también quieres.”
Ajay aceptó de inmediato, tan rápido que Meera dudó por un momento.
Pero él se explicó.
Ella lo quería.
Ella había decidido.
Hace 5 minutos…
En la habitación, Meera estaba sentada en una silla, con los dedos apretados.
El corazón latía tan fuerte como si fuera a salírsele del pecho.
Ajay se acercó y dijo en voz baja:
—¿Tienes miedo?
—Meera asintiendo, intentando mantener la voz firme—.
— "Señor... Todavía soy virgen. Nunca le he hecho nada a nadie antes. Temo... Que no sabría nada.
Ajay se quedó paralizado.
No sonando,
No la molestó
ni la abrazó, tal como Mira había pensado.
Él simplemente… Se quedó mirando.
Durante mucho tiempo.
Una extraña expresión apareció en su rostro.
Ni sorpresa,
ni alegría.
Mira frunció el ceño:
— “¿Por qué tienes esta cara?”,
dijo Ajay, pronunciando una frase que le heló la sangre a Meera: