“Mi madrastra me obligó a casarme con un hombre rico pero discapacitado. En nuestra noche de bodas, lo levanté y lo subimos a la cama, nos caímos… y descubrí una verdad impactante.”

Deslicé mi mano en la suya. "¿Juntos?"

Sonrió, una sonrisa pequeña, sincera y hermosa. "Juntos".

Y en ese instante, en una terraza bañada por una luz dorada, dos extraños obligados a casarse eligieron algo mucho más poderoso.

Se eligieron el uno al otro. No por obligación.

Pero fuera de la verdad. Fuera de la posibilidad.

A partir del sorprendente descubrimiento de que, a veces, las mayores mentiras conducen a los comienzos más honestos.