LOS DEJÓ CON LAS MANOS VACÍAS, ASÍ QUE CAVARON UN HOYO BAJO UN ÁRBOL CAÍDO Y LO CONVIRTIÓ EN SU HOGAR.

—¿Un agujero?

—Un refugio.

Hubo un momento de duda.

Entonces, sin más dilación, comenzaron.

Al principio fue torpe. Usaron ramas, piedras, sus manos. La tierra era dura, pero poco a poco cedió. Cada palada improvisada era un acto de desafío a su situación.

Pasaron las horas.

Luego días.

El agujero comenzó a tomar forma.

Primero, bastó con sentarse.

Luego, a la cama.

Luego, poder moverse con cierta facilidad.

Cubrieron la entrada con ramas y hojas, dejando un pequeño espacio para entrar y salir.

“Parece… real”, dijo Thomas una noche, contemplando su creación.

Lucía sonrió levemente.

-Es.

No era una casa. No tenía paredes de ladrillo ni techo de tejas. Pero era suya.

Y eso lo cambió todo.

Los primeros días fueron difíciles.

El hambre era constante. El frío, persistente. El miedo, silencioso pero siempre presente.

Pero poco a poco, aprendieron.

Lucía encontró bayas comestibles. Tomás aprendió a atrapar pequeños animales con trampas improvisadas. Recogieron agua de lluvia y la almacenaron en botellas que encontraron por el camino.

El agujero se transformó.

Añadieron una capa de barro como aislante.

Crearon un sistema de ventilación rudimentario.

Incluso lograron habilitar un pequeño espacio para una fogata controlada.

“Somos como topos”, bromeó Tomás.

—Topos muy listos —respondió Lucía.

El tiempo pasó.

Los días se convirtieron en semanas.

Y semanas que se convirtieron en meses.

El bosque dejó de ser desconocido. Se convirtió en su mundo.

Aprendieron sus sonidos, sus ritmos, sus secretos.

Pero no todo fue pacífico.

Hubo noches en que el viento aullaba demasiado fuerte.

O donde ruidos extraños rompían la calma.

Una noche, una noche particularmente fría, Tomás se despertó de repente.

—¿Oíste eso?

Lucía abrió los ojos.

Silencio.

-Nada.

—No, en serio… hay alguien ahí.

Ambos permanecieron inmóviles.

Entonces lo oyeron.

Pasos.

Tableros.

Pesado.

Alguien… o algo… estaba caminando cerca.

Tomás agarró una rama afilada que usó como lanza.

Lucía contuvo la respiración.