—Dice que le cambiaste la noche esta noche.
La emoción en la mesa era tan palpable que algunos clientes incluso comenzaron a sonreír discretamente.
Julian sacó un bolígrafo y escribió algo en la cuenta antes de cerrar la carpeta.
Cuando Elena lo abrió segundos después, sus ojos se abrieron de par en par.
La propina equivalía a más de tres meses de sueldo.
La joven levantó la vista, completamente sorprendida.
Julian simplemente sonrió.
—Considéralo un agradecimiento por recordarme algo muy importante.
—¿Qué? —preguntó Elena.
Julian miró a su madre.
Entonces respondió con voz tranquila.
—La verdadera elegancia no se encuentra en los restaurantes de lujo.
Hizo una breve pausa.
—Está en las personas que saben tratar a los demás con dignidad.