“¿Álvaro Morales?”
“Sí, es él. ¿Quién habla?”
“Es la mujer de la estación de autobuses. Me llamo Lucía Calderón. Creo que todavía te debo las gracias.”
Álvaro se enderezó. “Oh… no te preocupes, me alegro de haber podido ayudar.”
Ella rió suavemente. “No me lo digas. Ese teléfono le salvó la vida a mi hermano. La ambulancia llegó a tiempo. Si no hubiera llamado…” Su voz se apagó. “Tomaste prestado mi teléfono sin siquiera conocerme. Ya nadie hace eso.”
Álvaro se quedó sin palabras. “Me alegro de oír eso.”
“Dime”, continuó, “¿dónde trabajas?”
“En el Café Estrella, cerca de la estación de tren.”
Se hizo el silencio. Luego: “Interesante. Hasta mañana.”
Antes de que pudiera responder, la llamada se cortó.
Capítulo Cuatro: La Visita
A la tarde siguiente, Álvaro estaba recogiendo las mesas cuando un coche negro se detuvo frente al café. —Ya no vengo —dijo Lucía. A la luz del día, se veía aún más imponente: segura de sí misma, elegante, con una mirada firme pero dulce.
Todas las cabezas se giraron al verlo entrar.
—Álvaro —dijo con una sonrisa—, te dije que vendría.
Él se quedó paralizado. —¿De verdad viniste? Espera, ¿cómo sabes mi nombre?
Lucía se tocó la sien con diversión. —Digamos que tengo mis manías. Me diste tu número de teléfono, ¿recuerdas?
Él rió nerviosamente. —Vale... claro.
Lucía miró a su alrededor, sin inmutarse. —¿Así que trabajas aquí?
—Sí —dijo él, secándose las manos en el delantal—. No es precisamente un trabajo de lujo, pero ayuda a pagar el alquiler.
Ella lo observó un momento. —¿Estás estudiando, verdad? ¿Estudias ingeniería?
—¿Cómo… cómo lo sabes?
—Pregunté en la universidad —respondió con calma—. Cuando alguien salva a tu familia, quieres saber algo sobre esa persona.
A Álvaro se le aceleró el corazón. —Yo no salvé a nadie. Solo te presté mi teléfono.
Lucía sonrió. —Y sin embargo, ese pequeño gesto lo cambió todo.
Capítulo Cinco: La Invitación
Dos días después, Álvaro recibió el correo electrónico oficial.
Asunto: Invitación — Oportunidad de Prácticas
De: Grupo Calderón Innovations
Pensé que era spam, un correo de última hora, pero no lo abrí.
Lucía Calderón era la directora general de una de las mayores empresas tecnológicas de España, una compañía que admiraba desde sus primeros años de universidad.
Estas empresas tan dinámicas son las siguientes:
Álvaro Morales,
«Basándome en tu rendimiento académico y tus conversaciones con tus profesores, me gustaría ofrecerte la oportunidad de…»
Le han ofrecido unas prácticas en Calderón Innovations.
Considéralo un agradecimiento, pero también un reto.
Veamos de qué eres capaz cuando el mundo por fin te dé una oportunidad.
—L. Calderón
Lo leyó una y otra vez hasta que la realidad se impuso.
Durante años, había enviado solicitudes que quedaron sin respuesta. Ahora la propia directora lo había invitado.
Sentado al borde de la estrecha cama, con un viejo teléfono en la mano, murmuró: «Esto no puede ser verdad».
Pero era verdad.
Capítulo Seis: El Primer Día
La sede de Calderón Innovaciones era un mundo completamente diferente. Paredes de cristal, rejillas de ventilación de acero, el aire cargado de sofisticación y ambición.
Álvaro llegó con su único traje, prestado por un amigo, pero un poco grande de hombros.
Lucía lo recibió en el vestíbulo. «Ya estás aquí», dijo con una cálida sonrisa.
La piel brilla. «Todavía no me lo creo».
«Encajarás a la perfección», dijo. «No es una historia, Álvaro. He visto tus diseños, dibujos, prototipos». Tienes potencial. Sólo necesitabas una puerta para abrir."
Él sonrió, todavía aturdido. "Gracias, señora Calderón".
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