“Si has llegado hasta aquí sin abandonar a esta vieja inútil… entonces mereces saber la verdad.”
“Diego, esta casa donde vivo no es una casa cualquiera.”
“Hace muchos años, cuando mi marido aún vivía, compramos varias parcelas de tierra cerca del mar.”
“Con el tiempo, la ciudad creció.”
“Ahora el terreno vale mucho dinero.”
Mi corazón comenzó a latir con fuerza.
“Antes de morir, rellené los papeles para dejarte todo a ti.”
“La casa… y las tres parcelas de terreno que están registradas a mi nombre.”
“Es todo tuyo.”
Sentía como si el aire estuviera desapareciendo a mi alrededor.
Me temblaban las manos.
Tenía las piernas débiles.
Pero la carta aún no había terminado.
“No lo hice porque me debieras algo.”
“Lo hice porque me devolviste algo que creía haber perdido para siempre.”
“Fe en las personas.”
“Si usas ese dinero, espero que lo uses para vivir una buena vida.”
“Termina tus estudios.”
“Ayuda a tu familia.”
“Y si alguna vez ves a alguien tan solo como yo lo estaba… no lo ignores.”
“Porque la amabilidad siempre regresa… aunque lleve tiempo.”
“Gracias por hacerme sentir menos sola en mis últimos meses.”
"Con amor,"
Doña Carmen
Cuando terminé de leer la carta, no pude contenerme.
Lloré como un bebé.
No por el dinero.
No por la casa.
Pero era porque esa mujer a la que apenas conocía... había confiado más en mí que en su propia familia.
Un mes después, un abogado lo confirmó todo.
No era mentira.
Doña Carmen realmente me lo había dejado todo.