—Sí… me quedaré.
Amor, familia y futuro:
Los días siguientes transformaron el rancho. Isabela llenó la casa de vida: flores, nuevos platos y alegría. Trabajaron juntos, planearon su boda y su amor creció poco a poco.
La ceremonia fue sencilla, pero perfecta.
Esa noche compartieron su primera intimidad con ternura, respeto y descubrimiento. No fue perfecto, pero fue real.
Pasaron los meses y el rancho prosperó. Un año después de la tormenta, Isabela le anunció a Diego que estaba embarazada.
Lloró lágrimas de alegría.

La tormenta que una vez sembró el miedo, en realidad marcó el comienzo de todo.
El rancho ya no era el refugio de un hombre solitario: se había convertido en el hogar de una familia que crecía. Diego finalmente comprendió que su vida nunca había sido completa.
Estaba esperando a que llegara Isabela para poder empezar de verdad.