La propina equivalía a más de tres meses de sueldo.
La joven levantó la vista, completamente sorprendida.
Julian simplemente sonrió.
—Considéralo un agradecimiento por recordarme algo muy importante.
—¿Qué? —preguntó Elena.
Julian miró a su madre.
Entonces respondió con voz tranquila.
—La verdadera elegancia no se encuentra en los restaurantes de lujo.
Hizo una breve pausa.
—Está en las personas que saben tratar a los demás con dignidad.