Un misterioso abrepuertas de garaje me condujo a su discreta bondad.
Resultó que llevaba años ayudando y haciendo donaciones.
Había una pequeña libreta donde anotaba los nombres de quienes necesitaban donaciones y de quienes donaban para la buena causa de alegrar un poco el día y la vida de alguien.
En un pequeño rincón de la primera página de ese cuaderno, escribió: "Si me pasa algo, espero que alguien continúe con esto".

Encontrar ese garaje fue como descubrir un pedazo del alma de mi difunto esposo. En ese momento, me sentí más cerca de él que nunca.
Y sí, fui yo quien continuó su labor ahora que él ya no estaba. Era evidente que ayudar a la comunidad era algo muy importante para él, y no iba a permitir que su bondad y generosidad terminaran con su fallecimiento.