«¿Tú también lloras de hambre?», le preguntó la mendiga al millonario, ofreciéndole su último trozo de pan. Lo que sucedió a continuación dejó a todos helados…

María estaba plantando flores con Alma, y ​​Sebastián observaba desde la terraza cuando su teléfono vibró con una noticia que le estremeció el pecho.

Su abogado confirmó que tendría la custodia de Lucas durante el verano.

La esperanza no estalló; se encendió lentamente, como una vela que finalmente encuentra fuego en manos firmes.

Alma corrió hacia él con las manos sucias de tierra, sonriendo como si el mundo fuera por fin un lugar seguro.

—¡Papá! —dijo—. Mamá dice que los girasoles siempre se giran hacia la luz, igual que nosotros.

Sebastian la levantó, con los ojos temblorosos, y abrazó esa frase como si fuera un mapa de regreso a casa.

—Sí —susurró—. Y por fin la encontramos.

Lo que empezó con lluvia y tristeza, realmente terminó.

La riqueza lo había cegado, pero el amor lo había guiado de regreso a casa, donde los nombres ya no podían borrarse.