Dado que la bilis facilita la absorción de grasas y la vesícula biliar actúa como su reservorio, su extirpación conlleva una liberación continua, en lugar de intermitente, de bilis hacia el duodeno. Este cambio puede dificultar la digestión, provocando aumento y eructos.
3. Alteración del equilibrio de la microbiota intestinal.
La bilis contiene componentes antimicrobianos que ayudan a mantener la salud intestinal. Sin vesícula biliar, el flujo biliar se altera, lo que puede alterar el equilibrio de la microbiota intestinal y aumentar el riesgo de infecciones e inflamación intestinal.
4. Reflujo biliar:
La extirpación de la vesícula biliar puede provocar que la bilis fluya rápidamente hacia el estómago, provocando reflujo biliar y, en consecuencia, malestar estomacal. La alta acidez y el contenido de sales biliares en la bilis pueden irritar la mucosa estomacal, provocando molestias.