Me sequé una lágrima y lo miré fijamente a los ojos con serena claridad. "¿Esposo, has perdido completamente la cabeza?", pregunté lentamente.
Parecía irritado y exigió saber a qué me refería. Asentí levemente y le dije que había olvidado algo sumamente importante.
La sala quedó en silencio mientras esperaban. Jonathan se cruzó de brazos y me hizo un gesto para que explicara.
Me adentré más en la sala de estar y coloqué con cuidado la botella de champán sobre la mesa. "Llevo tres años pagando el préstamo de tu negocio", dije con calma.
Vanessa sonrió con picardía y dijo que ya lo sabían porque Jonathan se lo había contado todo. Sonreí cortésmente y negué con la cabeza.
—Oh no, definitivamente no te lo contó todo —respondí con calma.
Jonathan frunció el ceño y me dijo que dejara de ser tan dramática, pensando claramente que estaba creando una tensión innecesaria. Metí la mano en mi bolso, saqué mi maletín y lo coloqué sobre la mesa de centro.
Dentro estaban los documentos oficiales del préstamo que había firmado cuando su empresa estaba al borde de la quiebra. Patricia se inclinó ligeramente y preguntó en qué debían fijarse.
Abrí la carpeta por la última página y señalé un capítulo en concreto. Jonathan bajó la mirada con indiferencia, pero pronto la confusión lo invadió.
—¿Qué ocurre? —preguntó Vanessa, inclinándose sobre su hombro.
Crucé los brazos y lo miré con atención. —¿Recuerdas aquella vez que el banco rechazó tu solicitud de préstamo? —pregunté.