NADIE PODÍA ACERCARSE AL NIÑO MILLONARIO... HASTA QUE UNA CRIADA HIZO ALGO QUE NADIE MÁS SE ATREVÍA A INTENTAR.

Y ese espacio ya se había roto una vez.

Esteban volvió a hablar, más despacio.

—No estoy pidiendo una respuesta ahora mismo.

Clara levantó la vista.

“Solo quiero que pienses en algo”, añadió.

Señaló el dibujo que Adrian había dejado sobre la mesa.

—A veces, los adultos creen que salvar a alguien significa hacer algo extraordinario.

Hizo una breve pausa.

—Pero muchas veces lo único que se necesita es no irse.

Clara miró el dibujo.

El niño.

La mujer.

La casa con el enorme sol.

Y en ese momento comprendió que se enfrentaba a una decisión que podría cambiar más de una vida.

Podía marcharse, tal como lo había planeado desde el principio.

O podría quedarse... y aceptar el riesgo de volver a amar a alguien como si fuera de su familia.

La risa de Adrian provenía del jardín.

Clara cerró los ojos por un segundo.

Porque sabía que, después de ese momento, nada volvería a ser tan sencillo como ant