Era amor, amor que trascendió el tiempo, las personas, dos familias que nunca dejaron de quererse.
Su abuela, quien la eligió.
Desiree, quien cumplió su promesa.
Un desconocido detrás del mostrador, que se acordaba.
No son cosas pequeñas.
Lo son todo.
Para cualquiera que sienta que lo ha perdido todo.
Cara entró en esa casa de empeños creyendo que estaba renunciando a lo último que le quedaba de valor.
En cambio, encontró algo que la esperaba.
Una familia.
Una historia.
Un futuro.
Ya no se trataba solo de sobrevivir.
Por primera vez en mucho tiempo, estaba empezando de nuevo.
Y el collar —aquel del que casi se desprende— permaneció donde siempre había estado.
Alrededor de su cuello.